
1 / 15Esta extraordinaria extensión de terreno frente al mar en el cantón de Osa representa una oportunidad de adquisición verdaderamente singular en el Golfo Dulce, valorada en USD 4500000. Con una superficie total de 400627.75 m², la propiedad se extiende a lo largo de cuarenta hectáreas que combinan veintiocho hectáreas de terreno titulado con doce hectáreas en zona marítimo-terrestre. El terreno cuenta con una impresionante línea costera de 673 metros, la cual incluye una playa de arena volcánica de 150 metros de ancho que baña las tranquilas aguas del golfo. El acceso es sumamente cómodo gracias a la carretera nacional pavimentada que conecta directamente con la entrada del lote, desde donde parte un camino interno privado de 500 metros que conduce directamente hasta la playa.
La topografía del terreno asciende a través de un denso bosque primario transitable por senderos naturales que guían hacia un mirador panorámico. Desde este punto elevado, se aprecia una vista de 270 grados sobre el Golfo Dulce, divisando directamente el Parque Nacional Corcovado a solo seis kilómetros de distancia a través de la masa de agua. El suministro hídrico natural es excepcional, compuesto por cinco arroyos de agua dulce que convergen en la quebrada Honda. Este flujo incluye una cascada de diez metros de altura que alimenta el cauce durante todo el año, donde habitan langostinos nativos de río. La propiedad dispone de servicios esenciales activos, incluyendo electricidad y conexión al acueducto municipal. En el ámbito fiscal, el impuesto sobre bienes inmuebles en Costa Rica se calcula anualmente sobre una tasa aproximada del cero coma veinticinco por ciento del valor catastral registrado. Los costos de traspaso e inscripción legal suelen oscilar entre el dos y el cuatro por ciento del valor de la transacción, permitiendo a los compradores extranjeros la adquisición de la sección titulada bajo régimen de propiedad absoluta.
Esta propiedad en Bahía Chal presenta una estructura legal mixta que resulta muy común en el litoral costarricense, combinando veintiocho hectáreas de propiedad con título de propiedad absoluta (conocido como *Fee Simple*) y doce hectáreas reguladas bajo el régimen de la Zona Marítimo-Terrestre. En Costa Rica, los inversionistas extranjeros gozan de los mismos derechos constitucionales que los ciudadanos locales para adquirir tierras escrituradas. Al realizar la transacción, el comprador debe prever un presupuesto adicional para el paquete de cierre, el cual abarca honorarios notariales, timbres de registro y gastos legales, sumando habitualmente entre el dos y el cuatro por ciento del valor de compra. Asimismo, el traspaso de la propiedad genera un impuesto de timbres que ronda el uno y medio por ciento sobre el monto declarado de la transacción.
Una vez concretada la adquisición, el mantenimiento fiscal del inmueble es sumamente favorable en comparación con otros destinos exclusivos de América del Norte. El impuesto territorial anual que se paga a la municipalidad local equivale aproximadamente a una cuarta parte del uno por ciento sobre el valor catastral registrado de la finca. Por otra parte, debido a que el precio de este inmueble supera ampliamente los límites mínimos requeridos por la legislación nacional, esta inversión patrimonial abre la posibilidad de postular al programa de residencia costarricense bajo la categoría de inversionista, un proceso que facilita el establecimiento legal en el país para los compradores norteamericanos y canadienses que buscan consolidar su patrimonio en la Península de Osa.
Revise tipos de título y diligencia en nuestra guía fee simple vs concesión.
Esta singular propiedad en el cantón de Osa, valorada en USD 4500000, destaca por su imponente extensión de 400627.75 m² de terreno, la cual combina áreas tituladas con zona marítimo-terrestre. La infraestructura de acceso está completamente resuelta mediante la carretera nacional pavimentada que conecta directamente con la entrada del lote, desde donde parte un camino interno privado de 500 metros que conduce directamente hasta el frente de playa. En cuanto a los servicios públicos esenciales, el terreno ya dispone de conexión de electricidad y suministro de agua municipal, facilitando cualquier desarrollo futuro.
El entorno natural sobresale por su topografía diversa, que incluye senderos existentes dentro de un área de bosque primario. Estos caminos guían hacia un mirador natural que regala una vista panorámica de 270 grados sobre el Golfo Dulce. El recurso hídrico interno es extraordinario, compuesto por cinco arroyos de agua dulce que convergen en la quebrada Honda. Este flujo continuo alimenta una cascada de 10 metros de altura, manteniendo un ecosistema donde habitan langostinos de río en aguas cristalinas.
En el ámbito legal de Costa Rica, la adquisición de este tipo de inmuebles está sujeta a un impuesto sobre bienes inmuebles equivalente al 0.25% del valor catastral registrado anualmente. Asimismo, los gastos de cierre, que abarcan honorarios notariales, timbres y registro, suelen oscilar entre el 2% y el 4% del valor de la transacción, garantizando un proceso de transferencia seguro para compradores extranjeros bajo las leyes nacionales.
La península de Osa, en la provincia de Puntarenas, representa uno de los rincones más extraordinarios para quienes buscan adquirir una propiedad en Costa Rica. Específicamente en la localidad de Bahía Chal, este lote de cuarenta hectáreas ofrece una ubicación estratégica que equilibra el aislamiento natural con una conectividad terrestre impecable. El acceso directo desde la carretera nacional 245 facilita el traslado hacia centros de servicios clave; la propiedad se sitúa a solo treinta y seis kilómetros al suroeste de Chacarita y a escasos seis kilómetros al este de Rincón de Osa. Esta infraestructura vial pavimentada elimina los desafíos tradicionales de la zona sur del país, permitiendo que los propietarios norteamericanos disfruten de un trayecto fluido desde los aeropuertos regionales hasta la entrada misma de su terreno.
Para los ciudadanos estadounidenses y canadienses que exploran el mercado inmobiliario de lujo, esta región combina una biodiversidad marina inigualable con un clima tropical húmedo que favorece un estilo de vida activo y saludable. La colindancia con el Golfo Dulce abre las puertas a actividades como el kayak de mar, la pesca deportiva de clase mundial y la observación de la ballena jorobada directamente desde la costa privada. La presencia de cinco arroyos de agua dulce y una cascada de diez metros dentro de las hectáreas de bosque primario asegura un suministro hídrico natural constante, ideal para proyectos de conservación o desarrollo eco-residencial de bajo impacto. Además, la cercanía visual con el Parque Nacional Corcovado, ubicado a solo seis kilómetros cruzando las aguas del golfo, añade un valor ecológico incalculable a la inversión.
Al evaluar las opciones de bienes raíces en Costa Rica para norteamericanos, el marco legal del país ofrece garantías sólidas. Los compradores extranjeros disfrutan de los mismos derechos de propiedad absoluta que los ciudadanos costarricenses en las veintiocho hectáreas tituladas de este terreno, mientras que las doce hectáreas restantes se rigen bajo el marco de la zona marítimo-terrestre. En términos fiscales, el impuesto anual sobre bienes inmuebles es sumamente competitivo, representando aproximadamente un cuarto de punto porcentual sobre el valor catastral registrado de la propiedad. Los costos adicionales de cierre, que abarcan honorarios notariales, timbres de traspaso e inscripción en el Registro Nacional, suelen oscilar entre el dos y el cuatro por ciento del valor de la transacción. Esta estructura fiscal favorable, sumada a la posibilidad de optar por programas de residencia mediante inversión activa, convierte a este lote en Osa, Puntarenas, en una de las oportunidades de preservación y desarrollo más exclusivas del mercado costarricense actual.
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La adquisición de esta propiedad de cuarenta hectáreas en Bahía Chal representa una oportunidad de diversificación patrimonial de primer orden en la Península de Osa, un mercado caracterizado por una oferta de tierra extremadamente limitada frente al Golfo Dulce. Con un precio de cuatro millones quinientos mil dólares, el valor por metro cuadrado se sitúa en un rango sumamente competitivo para terrenos frente al mar que combinan veintiocho hectáreas tituladas con doce hectáreas de zona marítimo-terrestre. El perfil del comprador ideal corresponde a un inversionista institucional, un desarrollador de eco-hotelería de ultra-lujo o un family office que busca un activo refugio con potencial de apreciación a largo plazo.
La estructura fiscal de Costa Rica favorece esta adquisición, con un impuesto anual sobre bienes inmuebles de aproximadamente el cero coma veinticinco por ciento del valor catastral registrado, una tasa notablemente inferior a la de los mercados norteamericanos. Los costos de cierre, que abarcan honorarios notariales, timbres de registro y traspaso, oscilan habitualmente entre el dos y el cuatro por ciento del valor de la transacción. El momento del mercado es idóneo debido al auge del turismo de conservación y la conectividad mejorada por la carretera nacional doscientos cuarenta y cinco. La estrategia de salida es sólida, fundamentada en la posibilidad de subdividir las áreas tituladas o desarrollar un proyecto de hospitalidad de bajo impacto ambiental con un alto valor de reventa.
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Osa, Puntarenas
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